lunes, 10 de octubre de 2011

Días del Cielo: comentarios

Atención: este comentario contiene numerosas referencias que descubren partes importantes de la película. Si no la has visto es mejor que no lo leas todavía. Dicho esto, aquí dejo mi comentario:

El segundo largometraje de Terrence Malick es la confirmación de que este director nos ofrece en sus películas mucho más que una historia. En su obra es tan importante el argumento como la vida interior de sus personajes, las contradicciones y contrastes, los enigmas, el contexto social y natural y un sinfín de matices y símbolos que se nos muestran clara e impactantemente en ocasiones y de una forma velada en otras. Esta riqueza nos permite múltiples lecturas, nos cuestiona y provoca de una forma muy personal a cada uno de nosotros. 
Se podría decir que, más allá de la historia que la película cuenta, está lo que nos cuenta de nosotros mismos, de nuestra propia historia.

La historia, como en Malas Tierras, es sencilla: Días del Cielo cuenta como a principios del siglo XX una pareja de novios, Bill (Richard Gere) y Abby (Brooke Adams), acompañados por la hermana menor de él (Linda Manz), huyen de la miseria en la que viven en Chicago para trabajar en los campos de Texas, como jornaleros en la temporada de cosecha del cereal. Allí, ocultan que son novios para evitar habladurías y se hacen pasar por tres hermanos. Al acabar los trabajos de la cosecha el rico dueño de las tierras (Sam Shepard), en situación de enfermedad terminal, se enamora de Abby y les ofrece quedarse acogidos en su casa. Ante la perspectiva de una vida desahogada y lejos de las miserias que han conocido, aceptan la invitación pensando en secreto que el fallecimiento el dueño les permitirá heredar parte de aquella gran fortuna. Sacrifican de esta manera su proyecto común a cambio del bienestar y, realmente, tienen la oportunidad de vivir como ricos, en la más absoluta despreocupación por lo material mientras su proyecto de amor y pareja se descompone irremediablemente.




Más allá del argumento una de las primeras cosas que me gustaría destacar de esta película es la labor del español Nestor Almendros como director de fotografía, por la que fue galardonada con el Oscar a la mejor fotografía. Cada plano es digno de contemplarse y disfrutarse en su iluminación, encuadre y composición. La belleza de unos interminables atardeceres de verano en los campos de cereal resulta en muchos momentos sobrecogedora. En sus imágenes vemos el paso del tiempo, el cambio de la luz, la naturaleza serena en animales, ríos y paisajes, el contraste con el interiror de la casa, la violencia de las plagas y, de nuevo como en Malas Tierras, el fuego que destruye sin que nadie lo pueda parar. Todo está cuidadosamente fotografiado en una narración llena de imágenes que atrapan la atención durante toda la película.

También hay que destacar la banda sonora. No vamos a descubrir ahora a Ennio Morricone, pero es imprescindible subrayar como imagen, sonido y narración se complementan y enriquecen de forma magistral. Citando esta reseña: "La banda sonora presenta tres temas centrales sobre los que gira la película, siendo el primero de ellos un sugerente y evocador leitmotiv basado, intencionadamente, en el movimiento de Aquarium del Carnival of the Animals de Camille Saint-Saëns, y que capta la inocencia de una época ya pasada, con nostalgia y melancolía". 
Por cierto, quizá os suene esta música, pero no es extraño porque los que somos padres lo hemos escuchado en muchas ocasiones en este arranque también cinematográfico y también magistral, aunque nada tenga que ver con Malick. Curioso ¿no?...



Las imágenes iniciales, durante los títulos, son fotografías de época, retratos de las personas que poblaban el Chicago de principios de siglo. Sus miradas tienen una fuerza especial y me recordaban a esos Santos Inocentes de Delibes/Camus que viven estoicamente su destino, atrapados en la miseria y sus humillaciones. En palabras de Linda: "Había gente que sufría muchas penalidades, dolor y hambre, incluso algunos llevaban la lengua colgando fuera de la boca". Bill trabaja en una fundición, en un trabajo extenuante y abusivo bajo la arbitraria presión del patrón al que Bill acaba asesinando de forma casi involutaria. A diferencia de Azarias, este asesinato es el comienzo de la película, en lo que supone el motor inicial de la huida a lomos de un sucio tren que, en esta ocasión no viaja hacia el norte como el de Sabina, sino hacia los campos de cereal de Texas. Si pensamos ahora en Kit y Holly, los protagonistas de Malas Tierras, nos daremos cuenta de aquel asesinato que supuso el impulso de huida y de aquel tren que no cogieron y que, de alguna manera, simbolizaba el futuro que irremediablemente se les escapaba. Los tres protagonistas de Días del Cielo huyen en un tren, comienzan una vida nueva y, aunque no tienen ni siquiera el dinero necesario para pagarse el billete, están juntos, se quieren y comparten el sueño de una vida mejor que comienza en aquel viaje abrazados en el techo del tren.


Es entonces cuando se nos da una de las primeras claves de la película cuando, en forma de pincelada, nos indican que Bill y Abby ocultaban su amor haciéndose pasar por hermanos para evitar las habladurías. No debemos olvidarnos de que se trataba de la sociedad de 1916 en la que una relación fuera del matrimonio podía suponer un escándalo insoportable. Por evitar los rumores, ocultarán sus verdaderos sentimientos y los cimientos de su relación se tambalearán.
Durante el tiempo del trabajo en la cosecha veremos el esfuerzo de los jornaleros, los interminables días de trabajo y la exigencia del capataz que representa con mano dura a un lejano patrón, poderoso y rico, dueño y señor de aquellas tierras que decide, cuando y cómo se hacen las cosas. El patrón es una figura misteriosa y simbólica, cuya fuerza se ve acentuada por medio de la metáfora de la casa, mansión inalcanzable siempre presente que materializa la vida con la que sueñan los pobres jornaleros y a la que está, expresamente, prohibido acercarse. La casa y su Señor son caras de una misma realidad que contrasta continuamente con la dureza del trabajo y penurias de los trabajadores.




Las puertas de esa vida se les ofrecen abiertas a los tres protagonistas cuando el Señor de las tierras se enamora de Abby y la invita a "entrar a la casa" junto a sus supuestos hermanos. Al mismo tiempo que reciben dicha invitación, Bill descubre que el patrón se encuentra gravemente enfermo, a las puertas de la muerte. No es necesario que nos expliquen como la tentación de una vida mejor acaba dominando las opciones, confiados en que sería un mal menor por el pronto fallecimiento del Amo. Tremenda opción en la que se contrapone el bienestar material frente al amor intangible, la riqueza inmediata frente al beneficio de un proyecto común, la traición a la honestidad, el éxito de alcanzar el sueño del resto frente al fracaso de quedarse en la miseria donde están todos. Malick no nos detalla la opción, pero somos testigos de como Bill, Abby y Linda viven sus efímeros días de Cielo. En palabras de Linda: "Nunca habíamos sido tan ricos, quiero decir que de repente vivíamos como reyes. No hacíamos nada. Nos pasábamos todo el día jugando. No teníamos otra cosa que hacer. Desde luego los ricos lo pasan muy bien".




Pero, como dice la canción de Vinicius de Moraes: "Tristeza ñao tem fim, felicidade sim" (en castellano en la versión de Presuntos Implicados) y así es como la felicidad en la mansión del granjero poco a poco desaparece y se va acabando según el doble juego de engaños y disimulos va dejando la relación de Bill y Abby desprovista de sentido, de espacios para expresarse quedando reducida a miradas robadas, momentos furtivos, celos, frustraciones y vacíos que ni siquiera toda la riqueza de la mansión puede compensar. Los días de Cielo van dejando paso a días de amargura y desolación. Cuántas veces se preguntarán los protagonistas, como la Holly de Malas Tierras hacía en aquel bosque, ¿qué hubiera sido de mi vida si no hubiera aceptado aquella invitación? ¿qué hubiera sido de mi si hubiera tomado otra opción, si hubiera sido fiel a mis opciones, a mis convicciones, a mis inquietudes?.




La intensidad del conflicto aumenta cuando el dueño va descubriendo signos inequívocos del amor entre Bill y Abby y la desconfianza va creciendo en él, que había abierto la puerta de su casa a Abby y a sus hermanos por amor. La sensación de traición llega a la convulsión cuando llega la plaga de langostas, en una figura evidentemente bíblica. 
El hombre cae en la tentación, traiciona la confianza y acaba recibiendo el castigo de la infelicidad, de la destrucción y la esterilidad de una cosecha perdida culminando en una espiral de violencia imparable plasmada en la pantalla como un fuego que arrasa la plantación y que es la expresión terrible del dolor y la destrucción en la que se han convertido aquellos Días de Cielo con pies de barro. Imágenes apocalípticas que ya se nos habían anticipado en las primeras escenas cuando Linda dice: "Conocí a un tipo llamado Ding Dong. Me dijo que la tierra entera se convertiría en una hoguera. Las llamas emanarían a diestro y siniestro. Simplemente aparecerían. Las montañas se convertirían en una gran llamarada y que incluso brotarían las llamas del agua. Y que los animales correrían despavoridos, algunos ya quemados, otros con sus alas a medio quemar. Y que la gente empezaría a gritar y a pedir ayuda. Y que las personas que hayan sido buenas irían al cielo y escaparían de ese fuego. Pero a las que habían sido malas, Dios ni siquiera las escucharía."




Y la historia termina muerte sobre muerte, en una nueva huida que vuelve a fracasar en un destino ineludible en el que la redención no está al alcance del hombre, sino que tiene que venir de lo alto, un final que no deja margen al "Happy End" complaciente y de sonrisa fácil.
Dejo para otra ocasión la historia de la hermana menor, juguete roto con múltiples elementos comunes con los fríos y crueles personajes de Malas Tierras, que cierra la película en un enigmático epílogo en el que se reinicia otro viaje hacia el fracaso: "Ella (niña que con la que se escapa del internado) no sabía adónde iba o qué iba a hacer. No tenía dinero. A lo mejor conocería a algún tipo. Espero que le fueran bien las cosas. Era una buena amiga".


Sensacional película esta segunda de Malick, con una potencia visual y musical impresionante, interpretaciones impecables y, de nuevo, la sensación de que es un cine que se queda contigo, te acompaña, te cuestiona y provoca. Te arma y desarma para no dejarte indiferente ante la naturaleza humana que, una vez vista, te resulta más comprensible en su pequeñez y miseria.


Creo que me ha gustado más incluso que Malas Tierras y me quedo con ganas de leer vuestras impresiones. Os espero.

martes, 27 de septiembre de 2011

Days of Heaven (segundo largometraje de Malick)

Seis años después de Malas Tierras, se estrenó la segunda película de Terrence Malick, a la que vamos a dedicar el siguiente paso de nuestro ciclo dedicado al director norteamericano: Días del Cielo.

 

FICHA:
TÍTULO ORIGINAL:    Days of Heaven
AÑO:                        1978
DURACIÓN:               94 min.
PAIS:                        EEUU
DIRECTOR:               Terrence Malick
GUIÓN:                     Terrence Malick
MÚSICA:                   Ennio Morricone
FOTOGRAFÍA:           Nestor Almendros
 
SINOPSIS: Bill y Abby, una joven pareja, deciden abandonar la pobreza y la dura vida que llevan en el Chicago de 1916. Los dos, junto a Linda, la hermana de Bill, viajan hacia las grandes zonas de cultivo de cereales de Texas, donde encuentran trabajo como braceros en una granja. Al finalizar la cosecha, el joven y apuesto patrón, que cree que los tres son hermanos, les pide que se queden porque se ha enamorado de Abby
Por este segundo largometraje Malick fue premiado como mejor director en el festival de Cannes de 1979. Además la película fue galardonada con el Oscar a la mejor fotografía, obra del  español Nestor Almendros. También fue nominada a otros tres premios Oscar: mejor banda sonora (Ennio Morricone), mejor vestuario y mejor sonido.
 
Para leer más:
 
 
 
Algunas perlas para hacer ganas:
 
Imágenes de una belleza lírico-poética asombrosa y deslumbrante con el sempiterno escenario de Malick, esto es una poderosa representación naturalista del paisaje, con profundidad de campo y composición simétrica de planos, hacen de esta cinta una obra maestra más en la escasa filmografía de este peculiar director de culto, al cual los espectadores le debemos más de un rato de deleite sensorial y momentos de reflexión.


Malick realiza una interesante reflexión sobre la miseria y cuenta para ello con una una bella banda sonora compuesta por el maestro Morricone y una impresionante fotografía del español Néstor Almendros, por la que obtuvo el Oscar. Un orgasmo visual marcado por campos de trigo y siluetas dibujadas por la luz del ocaso del Sol y que atesora escenas memorables, como la plaga de langostas.

El cielo y el infierno se dan la mano en este relato, de manera eminentemente visual, y nunca moralizadora. Y en realidad, más que parábolas, sus imágenes nos advierten que el cielo y el infierno están aquí, en la Tierra. Y que tanto los demonios como los ángeles viven juntos.
 
Dias del cielo es una dolorosa obra maestra. Una poesía visual tan tremendamente viva que hasta en su irregularidad de conceptos, atrae. Malick es impecable.
 
En toda la película hay un sugestivo lirismo, una particular poesía de lo misterioso, Malick maneja espléndidamente los elementos románticos y sabe equilibrarlos a la perfección en su discurso.. La composición de los planos es sublime, los personajes moviéndose en los exteriores, cubiertos por un hermoso tono anaranjado, diríamos de última hora de la tarde, frente a las sombras de los interiores, en muchas ocasiones apenas atisbamos un fragmento de los rostros. A estos niveles la fotografía de Nestor Almendros, quien como sabemos era un auténtico maestro de la iluminación natural a la par que uno de los grandes nómadas del cinematógrafo, y la ya mencionada música de Morricone complementan a la mirada del cineasta y resultan imprescindibles para construir la inolvidable atmósfera.
 
Y con esta película cerramos la primera parte del ciclo. Después de Días del Cielo, Malick "descansó" durante casi 20 años hasta estrenar en 1998 su tercer largo: "La Delgada Linea Roja"... Todos a verla!!

domingo, 25 de septiembre de 2011

Malas Tierras: comentarios

Atención: este comentario contiene numerosas referencias que descubren partes importantes de la película. Si no la has visto es mejor que no lo leas todavía. Dicho esto, aquí dejo mi comentario:


Tener un gran parecido con James Dean puede ser una suerte, pero si eso es lo único bueno que te ha ocurrido en la vida, lo más probable es que no sea suficiente para salir adelante en un mundo miserable y violento como el que le toca vivir a Kit (Martin Sheen), el personaje central de Malas Tierras.


Viendo a Kit vienen a mi cabeza la descripción del prototipo de macarra que hace Joaquín Sabina en su canción "Qué demasiao" cuando comienza diciendo: "macarra de ceñido pantalón, pandillero tatuado y suburbial, hijo de la derrota y el alcohol, sobrino del dolor, primo hermano de la necesidad. Tuviste por escuela una prisión, por maestra una mesa de billar, te lo montas de guapo y de matón, y de darle al canuto cantidad".
Kit se ajusta a ese estereotipo de jóven sin estudios, sin futuro y sin posibilidades de cumplir sus sueños. 


Y me refiero a Kit como personaje central y no como protagonista, porque está muy lejos de protagonizar la historia que nos relata esta película. Este es uno de los primeros aspectos que me llama la atención de esta película: la historia avanza según lo dictan las circunstancias, con Kit moviendose como un autómata que actúan según el azar de la situación, sin un rumbo definido ni determinado por sus decisiones o reflexiones. Como máximo podemos ver como la intuición o la autodefensa guían las conductas, a menudo violentas, de Kit empujado por un entorno siempre hostil. 


En los primeros minutos de la película veremos lo poco que le importa a Kit su trabajo de basurero, lo irrelevante que le resulta perder ese empleo, quedarse en el paro o que, finalmente, le contraten como vaquero. Esa misma indiferencia, cuando no rechazo manifiesto, la vamos a percibir también hacia él en los, invisibles, vecinos del barrio por donde pasan recogiendo la basura, en sus compañeros de trabajo, en el empleado de la oficina del paro o en la persona que le comunica que ha sido despedido. A golpes de azar cambia de empleo en una sucesión de hechos en los que poco o nada decide o protagoniza Kit.


Por casualidad Kit también encuentra y conoce a Holly (Sissy Spacek), la voz narradora de la película, una niña acomplejada, cuya infancia se ha visto marcada por la ausencia de su madre y, en consecuencia, por la autoridad de un padre desequilibrado, carente de la más básica afectividad. Es ella la voz interior que nos demuestra la precariedad emocional de los personajes de la película y en la que surgen los mínimos destellos de reflexión que aparecen en contados momentos durante esta historia.







Entre Kit y Holly se crea un frágil vínculo de conveniencia, en el que se diluyen sus miserias y sus carencias. Ambos se comportan como analfabetos afectivos que van explorando con torpeza la comunicación y la sexualidad en un estilo primario, muy básico y torpe. Así su noviazgo va avanzando, una vez más, según la inercia y la necesidad de reaccionar ante el entorno hostil. Cuándo el rechazo del padre de Holly hacia Kit se hace explícito y al jóven también se le niega esta pequeña puerta hacia el futuro, decide de una forma impulsiva y mal planeada, fugarse con Holly en el primer paso de su caótica huida hacia delante.


Sorprendido por el padre mientras recogía, desordenadamente, la ropa de Holly, Kit se siente amenazado y, agresivamente, reafirma su posición ante el padre en una escena de seca violencia que acaba con el padre abatido a tiros por Kit. Con este prólogo y este detonante, la película a partir de este momento avanza siempre impulsada por una huida irreflexiva y desordenada en la que Kit seguirá asesinando a todo aquel que suponga una amenaza real o intuida, sin que exista un verdadero plan, un proyecto que les pueda salvar.


Es en este momento cuando vemos una de las escenas más expresivas de la película: el fuego provocado por Kit que envuelve la casa de Holly. En este momento Malick nos ofrece, con el acento de la música, una serie de imágenes hipnóticas y cargadas de simbolismo en el que podemos ver como arde la niña que había sido Holly hasta ese momento, la niña que tenía un hogar, dormía en una cama, aprendía a tocar el piano y jugaba con muñecas. Todo eso ha desaparecido ya.
Además, la metáfora del fuego destruyéndolo todo, también nos habla de un Kit que, acorralado y hostigado, quema su vida queriendo nacer a una nueva posibilidad. Lamentablemente veremos que también su futuro estaba dentro de aquella hoguera en la que todo resulta consumido sin posibilidad de redención para él.






En la violenta huida de la pareja, ambos muestran una falta de sensibilidad y empatía hacia la vida de otros seres humandos claramente psicópata, en la que no se observa culpabilidad o arrepentimiento. Además, mientras Kit es el que dispara y asesina, Holly asume un papel pasivo, sin implicación ninguna en lo que va sucediendo ante sus ojos, en una falta de compromiso moral que resulta difícil de digerir.
Es ella la que, en un pequeño momento de reflexión plantea uno de las cuestiones más importantes de esta película cuando se pregunta por cómo hubiera sido el devenir de su vida si otros condicionantes hubieran estado presentes, si su madre no hubiera muerto o si Kit no hubiera asesinado a su padre... 
La cuestión es como el azar, las circunstancias, la casualidad puede llegar a condicionar nuestra existencia y nos empuja irremediablemente a vivir de una forma concreta, como haber nacido en una familia, en un pais, en una cultura, como haber recibido unos genes y una educación nos sitúa en una posición, inevitablemente distinta a los demás, no modificable y que nos abre unas puertas y nos cierra otras sin que podamos nosotros hacer nada para modificarlo.


El otro aspecto, cada vez más importante en su huida es el paisaje, que Malick nos ofrece de una forma austeramente espectacular: son las "badlands", tierras baldías, extensas llanuras improductivas, casi desérticas, que se extienden hasta donde la vista alcanza y donde Kit y Holly son pequeñiiiitos, unos habitantes insignificantes y que, como el lagarto o el halcón (que Andrés me corrija), solo tratan de sobrevivir.






Estas tierras baldías, desde mi punto de vista, son también otra metáfora importante de la película que retrata una sociedad americana (o quizá, simplemente, moderna) estéril, mezquina e individualista, donde no hay lugar para lo que nos hace humanos y donde la hostilidad del entorno se enfrenta al individuo que solo puede sobrevivir luchando por salir adelante con sus propias fuerzas y recursos. Sometidos a la ley del más fuerte, los menos capaces van siendo eliminados gradualmente en unos casos y violentamente en otros.
En esta sociedad-Badland, Malick nos ofrece toda una serie de personajes solitarios que viven aislados. Vemos puertas cerradas, calles vacías o carreteras intransitadas, personas que no se miran, que no se tocan, que no se unen a los demás, en una fuerte crítica al individualismo feroz en el que no crece nada, en el que nada puede vivir. 
Incluso la llanura de las Badlands me hace pensar en el planísimo tono afectivo y moral de Kit, Holly y de todos y cada uno de los personajes con los que se van encontrando de principio a fin y que nos hace comprender que los dos fugitivos no son tanto unos psicópatas asesinos, como los ejecutores concretos y casuales de una sociedad psicópata.


Por último me llama la atención la resolución de la huida en una situación forzada por Kit en una nueva vuelta de tuerca de su huida descontrolada. Abandonado por Holly, descubre que una vez capturado le espera la fama, fotografías, entrevistas y minutos de televisión para alimentar el morbo de verle la cara al asesino múltiple. De nuevo, vuelve a mi mente la canción de Sabina: "Pero antes de palmarla se te oyó decir: "Qué demasiao, de esta me sacan en televisión".
Esa certeza de que va a ser admirado como criminal le lleva a detener la huida, simulando un pinchazo y dejándose alcanzar por la policía mientras construye un primitivo hito que marque y recuerde este suceso (no es la primera vez que busca en las piedras un fetiche para recordar). Una vez detenido, volvemos a comprobar que el miserable razonamiento de Kit encaja perfectamente en la miseria moral de esta sociedad, que responde a sus expectativas y le entrega atención, publicidad y admiración, en la fiesta del morbo televisado que tanta audiencia sigue teniendo.


Una pequeña historia, pero una gran película, cuidadosamente rodada, con un montaje "invisible", una fotografía austera, pero potente, unos diálogos escuetos y una música inolvidable. Lo que más me ha gustado es como la película perdura en el recuerdo, como vuelven a la cabeza escenas y diálogos en los que vas descubriendo que todos los detalles están meticulosamente escogidos para ofrecernos matices y mensajes con múltiples lecturas  que nos llevan a pensar en nuestra propia vida y en nuestras Badlands.


Y si los hay que prefieren ver la película antes que leer el libro, quizá también los haya de los que prefieren la canción a la película. Para ellos Bruce Springsteen ha escrito una ácida canción que en cinco minutos nos regala una síntesis de los hechos reales que inspiraron la película de Malick. Aquí os la dejo:



 Y a vosotros... ¿qué os ha parecido? ¿qué os ha llamado la atención? ¿qué os ha resultado cuestionador?. Espero vuestros comentarios...

martes, 20 de septiembre de 2011

Badlands (primer largometraje de Malick)

Primera película de nuestro ciclo cultureta/gafa pasta/culo duro sobre Terrence Malick:

File:Badlands movie poster.jpg

FICHA:
TÍTULO ORIGINAL:    Badlands
AÑO:                        1973
DURACIÓN:               95 min.
PAIS:                        EEUU
DIRECTOR:               Terrence Malick
GUIÓN:                     Terrence Malick
MÚSICA:                   George Tipton, Carl Orff, Gunild Keetman
FOTOGRAFÍA:           Brian Probyn, Tak Fujimoto, Stevan Larner

SINOPSIS: En 1959, en Dakota del Sur, cuando el joven Kit Carruthers (Martin Sheen) conoce a Holly (Sissy Spacek), decide dejar atrás su mediocre vida y alcanzar el triunfo sea como sea. Accidentalmente mata al padre de Holly, hecho que desencadena una serie de trágicos sucesos. 
Por cierto, el título "Badlands" que se ha traducido literalmente por "Malas Tierras" es el término con el que se nombra a grandes extensiones áridas, de terreno volcánico erosionado por los vientos.

Para leer más:

Algunas "perlas" para hacer ganas:
"Malas Tierras es una crónica negra sobre la desesperanza, la inadaptación y la búsqueda de la libertad a través de las áridas tierras bajo el cielo azul de Dakota que firmó un primerizo Terrence Malick allá por 1973. Una road movie que transcurre en los años cincuenta e inspirada en hechos reales, cuyos ambientes discurren cercanos a las atmósferas literarias de escritores como William Faulkner. En otras palabras, un retrato sobre la inadaptación de dos seres pertenecientes a la América profunda en una sociedad impregnada por el espíritu del American Way of life, ese que representa el padre de Holly (Warren Oates) en los carteles publicitarios que pinta."

"Acabo de ver Malas Tierras y no sé cómo se puede tener tanto talento para hacer versos de las imágenes. ¡Qué fotografía, qué música, qué texto, qué ritmo y qué definición de personajes!..."
"La primera muestra del genio de Terrence Malick, contiene las claves y características que definirán buena parte de su corta pero imprescindible obra. Fuerza visual, fotografía preciosista, imágenes que son pura poesía. Esta película está llena de ellas; el incendio de la casa, la visita a la mansión del hombre rico, Kit con el rifle a la espalda mirando perplejo el espectáculo de la llanura bajo la Luna...
Una visión de América cercana a la de pintores realistas como Hopper y Wyeth, con sus casas de listones blancos de madera y llanuras desoladas bajo cielos infinitos e implacables. Con unos personajes que pueden cometer crímenes y actos brutales, de los que no se les culpa ni se buscan sus motivaciones. Porque detrás de un asesinato puede no existir ninguna razón para cometerlo, y eso lo hace más inquietante y terrible.
A Malick sólo le interesa la mera exposición de los hechos, y ahí reside precisamente el tremendo magnetismo de su obra. No hay que intentar comprender sus películas exclusivamente por la vía de la razón, debemos dejar que nos entren por los sentidos y la sensibilidad. Si lo conseguimos, la experiencia puede ser única."

"Malick pertenece a esa raza de cineastas incapaz de pactar ninguna concesión al espectador, construyendo una obra alejada de los gustos de la mayoría con el formidable coraje de un artista coherente sólo consigo mismo y con sus necesidades creativas, delimitadas por unas reglas que le son propias y que no pueden ser compartidas por ningún otro cineasta, lo que le convierte en un autor inaccesible para muchos, pero irrepetible para algunos."

"Podría contarles mil aspectos de esta cinta, pero no lo voy a hacer, al menos no hoy. Les dejo esa tarea a ustedes si deciden ver el film, lo cual les recomiendo muy encarecidamente. Es una obra de arte, lo que naturalmente incluye la adecuada utilización de la música como un elemento más del conjunto. 'La Música Poética’ de Orff descubierta por la película me fascina."
Tras esta presentación, pondremos una nueva entrada para ir comentándola... ¡Todos a verla

Un abrazo,

Cine de Terrence Malick

Hola a todos. Como se que a muchos os gusta el cine os cuento una cosa rápidamente: acaba de estrenarse en España la última película de Terrence Malick (1943): El árbol de la vida.

Terrence Malick
Terrence Malick
Este hombre, licenciado en filosofía por Harvard es, actualmente, uno de los directores más prestigiosos del mundo. Su obra cinematográfica como director es bastante escueta ya que desde 1973, cuando dirigió su primer largometraje: "Malas Tierras", solo ha dirigido cuatro más: "Días del Cielo" (1978), "La Delgada Linea Roja" (1998), "El Nuevo mundo" (2005) y la ya mencionada "El árbol de la vida".
Su cine no es sencillo, ya que se aleja de la narrativa más convencional, buscando la belleza de la naturaleza y los conflictos del hombre en este mundo. Sus películas se han caracterizado por ofrecer una visión muy personal que se presta a múltiples lecturas e interpretaciones. Destacando en su búsqueda de la perfección formal con un gran respeto por el lenguaje cinematográfico que se demuestra en lo cuidado de la fotografía, la música, la elección de planos, el montaje, etc..., primando más lo visual que lo diálogado. Se podría decir que con este tipo de directores, el cine no es solo un espectáculo de entretenimiento, sino realmente el, tantas veces nombrado, 7º arte.
Escribo todo esto porque, si alguien quiere ir a ver esta última película de Malick sería muy interesante poder repasar antes su filmografía (ver cuatro películas parece un esfuerzo pequeño comparado con el potencial beneficio de disfrutar de uno de los mejores directores vivos, comparable a Kubrick, por ejemplo). 
Por aquí iremos poniendo información interesante sobre Malick y su obra para todos aquellos que tengáis la inquietud de acercaros y comprender a este director que va más allá del cine más corriente y accesible.
Iremos revisando sus películas y la comentaremos y así disfrutar más cuando tengamos la oportunidad de ir al cine a ver El árbol de la vida